Respira

Respiramos unas 23 mil veces al día. Casi siempre sin darnos cuenta, sin ser conscientes. Sin embargo, es gracias a esta respiración que nos mantenemos con vida.
Te propongo que ahora mismo, mientras lees estas líneas, prestes atención a tu respiración. Al aire que entra y sale por tu nariz.
Observa su ritmo, su temperatura, su velocidad, su profundidad... y si puedes, mira a ver qué espacio ocupa en tu cuerpo. Quizá la notes en la parte superior de tu pecho, o quizá haga crecer tu abdomen. Sea como sea, piensa que está bien.
Ahora te invito a que agradezcas a tu cuerpo, a tu nariz, a tu faringe (garganta), a tu laringe, a tu tráquea, a tus bronquios y a tus pulmones, que te mantengan con vida. Respira hondo y llénate de gratitud.
Date cuenta de cómo te encuentras en este momento y mira a ver si el prestar atención a tu respiración ha efectuado algún cambio en ti. Sea como sea, piensa que está bien.
Muchas veces, solo ser consciente de mi respiración me permite relajarme un poquito. Como te decía, respiramos 23 mil veces al día y a mí me gusta pensar que son 23 mil oportunidades para calmarnos.
Hoy ha sido un día complejo; lidiando con la administración, la burocracia, los conflictos de intereses, las buenas palabras denegándolo todo... y he sentido cómo la ira iba ganando terreno minuto a minuto.
Entonces, he parado. He respirado. He agradecido. He conectado con la vida.
Porque al final, el trabajo es trabajo y no siempre consigues lo que necesitas. Ello no quiere decir que tu salud (física y emocional) deba verse comprometida. Porque al final, solo podemos hacer lo que está en nuestra mano.
Para.
Respira.
Agradece la vida que hay en ti.